Colombianos de la zona de Baltimore rezan y se movilizan para ayudar tras el mortal terremoto August 25, 2026By Marietha Góngora V. Special to the Catholic Review Filed Under: En Español In English Cuando Julia Lopera se enteró de que un fuerte terremoto había sacudido Colombia, supo que su familia podía estar en peligro. Una de sus hermanas vive y estudia en Pereira, una de las ciudades más afectadas, mientras que uno de sus hermanos, un sacerdote claretiano, es director de un colegio de Hogares Claret en Cali. “Se les cayó el colegio”, dijo esta feligresa de San Francisco de Asís en Baltimore, expresando su gratitud por que su hermano se encuentra a salvo en medio de la tragedia, durante la cual sigue trabajando con y para su comunidad. La comunidad se reunió en Essex, Maryland, para recolectar tres toneladas métricas de suministros de ayuda para las víctimas del terremoto en Colombia. (Cortesía del diácono Jhonny Escobar) Los temores de Lopera fueron compartidos por muchos colombianos que viven en el área de Baltimore después de que un terremoto de magnitud 7,4 sacudiera Colombia el 10 de agosto a las 7:34 de la mañana. El sismo, cuyo epicentro se situó cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, se sintió en gran parte del país y el Servicio Geológico Colombiano lo considera el evento sísmico de mayor magnitud registrado en Colombia en el siglo XXI. Según el último informe oficial de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia, el terremoto afectó a 15 departamentos y 476 municipios, con un impacto en más de 284.000 personas. La agencia informó de 321 fallecidos, 4.595 heridos y 257 desaparecidos, además de daños extensos en viviendas, colegios, centros de salud, carreteras, puentes y otras infraestructuras. La hermana de Lopera, en Pereira, fue testigo de la destrucción. “A ella le tocó ver cómo se caían todos esos edificios”, dijo Lopera, al explicar lo que vivió su hermana tras ser evacuada junto con sus compañeros de clase de la institución en la que ahora trabaja como voluntaria. “Uno desde aquí (Maryland) se siente muy impotente al no poder hacer nada y se asusta demasiado porque yo viví eso en Pereira cuando lo de Armenia”, dijo Lopera, a quien todavía le conmueve recordar el terremoto que sacudió el Eje Cafetero en 1999 y dejó gran parte de Armenia en ruinas. Para los colombianos que viven en el área de Baltimore, el terremoto trajo consigo el temor de estar a miles de millas de distancia de sus seres queridos en un momento en el que la comunicación era difícil. El diácono Jhonny Escobar, diácono transitorio de la Arquidiócesis de Baltimore que sirve en St. Joseph-on-Carrollton-Manor, en Buckeystown, y en St. John the Evangelist, en Frederick, pudo ponerse en contacto con su madre poco después del terremoto. Su familia vive en el Eje Cafetero, ubicado en el departamento de Risaralda, el cual sufrió graves daños. “Mi mamá me llamó en la mañana, inmediatamente después del terremoto, pudo comunicarse conmigo”, explicó. “Estaba muy asustada, estaba bien, pero me costó mucho luego comunicarme con mi papá y con mi hermana —estaban en lugares diferentes— porque no había electricidad, no había internet”, dijo el diácono Escobar, quien finalmente pudo confirmar que sus familiares estaban a salvo, aunque su casa sufrió algunas afectaciones. “Sufrió algunos daños no tan graves”, dijo. “Gracias a Dios”. El terremoto impulsó a los colombianos y a los miembros de la comunidad católica de la zona de Baltimore a organizar ayuda para los afectados. El diácono Escobar señaló que los sacerdotes y seminaristas colombianos han coordinado esfuerzos para recaudar ayuda para las víctimas, incluida una campaña organizada en Essex el 16 de agosto para recoger alimentos no perecederos, ropa y artículos de higiene personal para enviarlos a Colombia. La solidaridad de la comunidad y de las familias colombianas de la zona —aunque son pocas en Baltimore— se vio reflejada en las tres toneladas de ayuda recibidas. El padre Lenin Suárez, subdirector de vocaciones de la Arquidiócesis de Baltimore, se encontraba en Colombia, donde nació, cuando se produjo el terremoto. Estaba visitando a su familia en el noreste del país. La Basílica Menor de Nuestra Señora de las Victorias, ubicada en el municipio de Santa Rosa de Cabal, sufrió un derrumbe estructural parcial a consecuencia del terremoto que azotó la Región Cafetera y el suroeste de Colombia el 10 de agosto de 2026. (Cortesía del diácono Jhonny Escobar) “Me encontraba desayunando con mi hermana en el patio de la casa de mis papás cuando, de repente, la tierra empezó a moverse con fuerza”, relató el sacerdote en un correo electrónico, ya que la cobertura móvil es intermitente. “En ese momento, mi hermana y yo nos miramos el uno al otro y nos quedamos petrificados, hasta que, tras unos segundos, reaccionamos y llamamos a nuestra madre, quien se encontraba en su lugar de trabajo, para asegurarnos de que estaba bien”, dijo el padre Suárez. “Afortunadamente para nosotros, que vivimos en la región de Santander, el sismo no tuvo gran intensidad, aunque sí se sintió con fuerza”, añadió el sacerdote, quien señaló que sintió cómo temblaba el suelo “durante aproximadamente dos minutos”. El padre Suárez, quien el día del terremoto recibió mensajes de amigos de la archidiócesis y de antiguos feligreses preguntando por él y su familia, pidió oraciones por todas las familias afectadas por el terremoto, así como por los desplazados y los fallecidos. También animó a quien tenga la posibilidad de hacer una donación a través de Catholic Relief Services, con sede en Baltimore, la agencia de ayuda internacional de los obispos de EE. UU. Mientras las autoridades continúan evaluando los daños, los informes han puesto de relieve la destrucción en la región cafetera de Colombia y en el suroeste del país. En la ciudad de Manizales, departamento de Caldas, la Basílica Catedral de Nuestra Señora del Rosario sufrió el derrumbe parcial de una de sus torres y sufrió graves daños estructurales. “La catedral fue extremadamente afectada por el terremoto, es una de las catedrales más emblemáticas del país, incluso mi parroquia en mi pueblo, en Santa Rosa de Cabal, que es una basílica muy bella, también fue extremadamente afectada”, afirmó Escobar. En sus cuentas de redes sociales, la Arquidiócesis de Manizales publicó: “Más allá de los daños materiales, elevamos nuestra oración por todas las personas y familias que han vivido momentos de angustia. Que Nuestra Señora de las Victorias acompañe y proteja a su pueblo, y que Dios conceda fortaleza, serenidad y esperanza a toda la comunidad”. 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